• Son poco más de 200 los jóvenes que hace unos días ingresaron al Grupo de Formación Ovalle, todos ellos, de diversas zonas del país y con distintas historias familiares.
Crédito fotografía: 
Kamila M
Pese a que provienen de diversos lugares de Chile, a muchos los une el compromiso, la tenacidad y la convicción de poder servir a la comunidad a través de esta carrera.

Equipo El Ovallino

Hace pocos días 232 carabineros alumnos ingresaron al Grupo de Formación Ovalle.  Ellos deberán  permanecer durante un año en ese plantel educacional en un periodo de instrucción y aprendizaje. Los meses de enero y febrero son denominados de “inducción”, etapa que antecede al comienzo académico propiamente tal, el que se prolongará desde marzo hasta diciembre.

Cabe destacar que este plantel educacional de Carabineros corresponde al segundo grupo formativo más grande del  país, el cual tiene una capacidad de 310 nuevos carabineros. Cada año arriban hasta este lugar jóvenes provenientes de todas las regiones de Chile, con edades que fluctúan entre los 18 y 25 años.

Así, en una emotiva ceremonia, se dio el vamos a su ingreso. Esa jornada se les vio vistiendo muy elegantemente, provistos de sus maletas y cosas necesarias para emprender este desafío. Ellos conformaron 9 secciones de formación, cada una a cargo de un instructor que los acompañará durante todo este año.

Lo gratificante de ser instructor

El capitán Gastón Gallardo Ramírez es comandante de escuadrón de la Escuela de Formación de Carabineros de Ovalle. El año 2012 hizo el curso de formación y  se ha desempeñado también en la Escuela de Oficiales de Carabineros. Bajo su alero han egresado cuatro promociones de carabineros alumnos.

Respecto a lo más satisfactorio en el área de instrucción, sentencia que se traduce en “recibir a jóvenes con distintas motivaciones, de distintos lugares de Chile, pero con una sola intención; que es ser carabinero (…) Verlos evolucionar, verlos crecer, verlos involucrarse con la doctrina institucional y con nuestras costumbres y tradiciones, para luego verlos terminar un curso, es lo más gratificante”.

De ese modo, la etapa de instrucción es una de las más dedicadas. “Día a día les enseñamos, le inculcamos, los aconsejamos, los orientamos, los motivamos para que finalmente ellos se puedan convertir en carabineros (…) Al final el esfuerzo que uno hace, la entrega, la dedicación da frutos” señala.

Cuando renuncian a seguir

Como en toda carrera, al poco tiempo algunos deciden desertar. Ahí pueden incidir muchos factores; desde extrañar a la familia y cercanos, hasta la imposibilidad de adaptarse a la vida policial o a las instrucciones dadas por un superior.

El capitán cuenta que alrededor de un 10% es el porcentaje de la deserción de quienes ingresan a la Escuela de Formación y se genera principalmente en el periodo de inducción (enero-febrero), que es cuando recién comienzan. “Ahí es cuando se dan cuenta si están dispuestos o no a restringirse ciertas necesidades personales para poder ejercer en la institución. Entrar acá más que sacrificio es mucha restricción”.

De acuerdo a su punto de vista, lo más difícil es, “que casi todos vienen de lejos. Tengo jóvenes que vienen desde Aysén hasta Calama, entonces el desapego por parte de ellos hacia su familia es lo más complicado”, detalla Gallardo.

Por eso, el factor actitud es determinante para el capitán. “La actitud y la aptitud son dos cosas distintas. Todos tienen la misma aptitud porque todos pasaron los exámenes de preselección, pero la actitud es lo que marca la diferencia; en cómo ellos viven el día a día, cómo enfrentan los problemas, cómo se acostumbran al sistema y viven el desapego. Muchos de ellos tienen 18 años recién cumplidos y vienen recién saliendo de cuarto medio, primera vez que están lejos de la casa. Además hay otros que ya tenían experiencia previa en formación militar, habían sido soldados profesionales o habían hecho el Servicio Militar, o se habían ido a trabajar lejos de casa”.

En particular el tema de la familia bien podría ser el más sensible en este caso. “Ellos saben que la posibilidad de ir a su casa va a ser restringida; tal vez dos o tres veces siempre y cuando existan feriados, permisos o vacaciones. Cuando uno les comenta eso, viene la dificultad de echar de menos y extrañar a la familia, ahí es donde uno tiene que estar y convertirse en papá, mamá, hermano, consejero y uno está con ellos”, revela.

Afortunadamente, en la institución hay una red de apoyo para los jóvenes. “La dificultad principal con la que yo me encuentro con estos jóvenes es el estar lejos de casa y el ayudarles a enfrentar el desapego. Algunos lo logran muy bien y lo pueden contener y manejar, acá tenemos psicólogos, los orientamos, les enseñamos y les hacemos un seguimiento”.

Pero el tema familiar no es el único por el que pueden desertar, ya que Gallardo apunta que durante este periodo a algunos de ellos  puede surgirles una oferta laboral de improviso, una posibilidad de continuar con estudios superiores inconclusos, entre otros. También está el tema de la conducta, que puede no ir en sintonía con los principios de la institución.

Proceso académico

El régimen de aprendizaje propiamente tal comienza el 4 de marzo. “Si ellos aprueban todas las asignaturas podrán egresar como carabinero de orden y seguridad”, explica.

Dentro de las asignaturas que se les imparte están: doctrina institucional, derechos humanos, atención al público y a la víctima, introducción a las normas legales, derecho procesal penal, reglamentación institucional, leyes especiales, técnica y tácticas operativas preventivas, procedimientos policiales, armas y tiro policial, tecnología informática, defensa personal, acondicionamiento físico, entre otros. Cada asignatura es evaluada.

Además cuentan con talleres co-programáticos, como banda de guerra instrumental, folclore, teatro y coro.

El primer carabinero de su familia

Adolfo Alarcón Gaete (18) se trasladó más de 600 kilómetros para ser parte del Grupo de Formación Ovalle. Él viene de la comuna de Lolol, en la Región del Libertador General Bernardo O'Higgins.

“Desde chico me llamó la atención ver a un carabinero, para mí eran personas respetables e intachables”, dice. También le gustaba ver cuando ellos dirigían el tránsito y la labor que realizaban en el área de Fuerzas Especiales.

En su familia será el primer informado. El único acercamiento previo que tuvo con la institución fue a través de los amigos de su hermano, quienes integran las filas.

El año pasado no estaba del todo seguro sobre lo que haría una vez que egresara del Liceo Politécnico que cursaba. Tenía en mente asistir a la universidad a estudiar Ingeniería Agrícola, pero descartó la idea y se inclinó por ser un uniformado. “Si no quedaba en la escuela una primera vez, tenía planeado volver a postular”, menciona.

Además de considerarse a sí mismo como una persona respetuosa dice que, “le gusta la disciplina”.

Este cambio rotundo implicó abandonar su ciudad y alejarse de su familia, algo que puede ser complejo ya que dice ser “bastante apegado”. De hecho se declara como el “más regalón”, ya que es el menor de tres hermanos.

Sus papás lo apoyaron, sobre todo su padre, mientras que su madre, a pesar de estar contenta, tuvo algunos reparos, “no quería que viniera”. Finalmente ellos dejaron que decidiera y lo impulsaron para que hiciera lo mejor para su futuro y que por sobre todo siguiera su vocación. “Voy a ser el primer carabinero en mi familia, entonces igual todos me apoyaron”.

Pese a que lleva sólo pocos días en la escuela, dice que ya se está adaptando al ritmo. “Hasta el momento todo va bien,  me he acostumbrado, en mi sección hay buen ambiente. Me siento como en casa”.

Sobre sus compañeros alumnos, afirma que pese a las diferencias en edad, los unen algunas características en común, “todos vienen de lejos y de familias esforzadas. Igual muchos han hecho el Servicio (Militar)”.

Para él Ovalle es diametralmente distinto a Lolol, “aquí es todo más seco, el aire se siente más cálido, donde vivo yo no es tan así”.

Frente a la rutina que tienen, cuenta que se levantan a eso de las 5.45 o 6 de la mañana, salen al patio a formarse, toman desayuno, van a sus lugares de destinación para hacer tareas específicas, salen a marchar, entre otras tantas cosas que deben llevar al pie de la letra cada día. La jornada termina a eso de las 8 o 9 de la noche.

Desde Puerto Aysén a Ovalle para cumplir un sueño

Víctor Téllez Mellado (21) es otro de los carabineros alumnos.  Él viajó más de dos mil kilómetros  desde la ciudad de Puerto Aysén para cursar sus estudios en la Escuela de Formación.

Antes había postulado pero no quedó,  por lo que este 2018 decidió perseverar y consiguió los resultados esperados.

Abandonó su trabajo, se despidió de su hermano de seis años e hizo las maletas para partir rumbo a la capital de la provincia del Limarí.

Reconoce que paulatinamente se ha ido adaptando a la condiciones de tiempo en Ovalle, las que son diametralmente distintas a su natal Aysén. “Cambiar un clima tan frío por uno tan caluroso es difícil, sobre todo por la respiración, allá es más húmedo y un poco más puro para mí”.

Cuando era pequeño tenía amigos de la familia que eran carabineros, aquello también lo inspiró a seguir esta carrera. De hecho hace más de una década ya tenía la intención de llegar algún día a ser parte de las filas de carabineros, “este es un sueño que ahora estoy cumpliendo, se siente nerviosismo”, revela.

Más adelante le gustaría ser parte del OS7, “me llama mucho la atención”.

Cuenta que su círculo cercano le prestó apoyo, sobre todo sus amigos, “pese a que no son muy de apoyar a carabineros, me felicitaron”.

Sus padres también le dieron un espaldarazo importante, “mi papá era el más emocionado”, declara. Pese a la distancia y a que no siempre puede comunicarse con su familia, procura estar pendiente de ellos y sobre todo de su pequeño hermano, “es lo que más me importa, él dijo que estaba feliz porque yo había tomado esta decisión”.

Orgullo familiar de un hijo que sigue los pasos de su padre

Gonzalo Valenzuela Salfate (18) proviene de la ciudad de Coquimbo. Desde pequeño pudo conocer de cerca cómo es la labor de carabineros, ya que su padre es el sargento primero Valenzuela de la Primera Comisaría de La Serena, quien acumula 22 años de servicio dentro de la institución. “Él ha sido mi motivación para entrar a la escuela”, declara.

Desde siempre ha tenido claro qué quería hacer con su futuro, “nunca me llamó la atención la universidad, siempre quise ser parte de Carabineros. Esto siempre fue mi meta y sueño”.

Pero cumplir este anhelo no estuvo exento de obstáculos, ya que postuló en dos oportunidades, “la primera vez lo hice a la Escuela de Oficiales, pero lamentablemente no me fue muy bien, los cupos son limitados. En cambio aquí postulé y quedé enseguida”.

Recuerda que su abuelo materno estuvo triste al enterarse que su nieto no puedo quedar en la Escuela de Oficiales. Pero Gonzalo decidió doblarle la mano al destino y en secreto  postuló a la Escuela de Formación en Ovalle, “le dije ‘tata quedé en la escuela’ y se alegró mucho, de hecho lloró de emoción”.

Pese a esta satisfacción de ser un estudiante, reconoce que mantiene un deseo pendiente, “mi sueño es llegar a la Escuela de Oficiales cueste lo que cueste. Quiero pasar este año y luego postular nuevamente  y sacar la mejor antigüedad, que sería tener las mejores notas”.

Antes de ingresar al Grupo de Formación su padre le dio algunos consejos, “me dijo ‘tienes que tener la mente fría, trata de ser lo más serio posible y obedece todas la órdenes que te pidan’. Es lo que he hecho hasta el momento”.

Su madre no ocultó su alegría, “ella estaba súper orgullosa”, manifiesta. Su hermana de 15 años, quien padece de una leve discapacidad, también lo impulsó a seguir avanzando por su futuro, “la verdad es que verla a ella es una inspiración, me dice que está orgullosa”.

Reconoce que adaptarse al ritmo de la escuela afortunadamente no ha sido complejo porque en su casa también cumplía una serie de tareas a diario. “La verdad es que no ha sido tan drástico porque siempre en la casa ayudaba a limpiar a hacer todo. Vivir con una hermana que tiene discapacidad igual es complicado, hay que estar pendiente. Mi mamá y mi papá trabajaban y yo me quedaba solo con ella y limpiaba, cocinaba y hacía de todo”.

“Esto me gusta, es lo que quiero y me gustaría llegar hasta el final”, dice con determinación este joven que anhela con llegar a convertirse en un oficial piloto de helicóptero.

 

 

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