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Lautaro Carmona
Salió de su casa un sábado por la noche para nunca más volver. La joven Anaís Garrido (13) fue atropellada en la Ruta 5 y muchos apuntan a la responsabilidad de los padres. Pero lo cierto es que el automóvil que le quitó la vida iba a exceso de velocidad, circulaba con las luces apagadas por la caletera y presuntamente el conductor se encontraba en estado de ebriedad. Juzgue usted.

Fue una de las mañana más grises en el puerto, y otro lunes negro en el Colegio Rakiduam, ubicado en Avenida La Cantera. El destino parece haberse ensañado con el establecimiento y las tragedias no paran desde el 21 de junio, cuando los docentes tuvieron que informar a la comunidad escolar del fallecimiento del joven Maximiliano Lara (14), quien en el 2017 inhaló monóxido de carbono en la Pampilla y quedó postrado hasta su último día en este mundo, cuando su cuerpo no aguantó más luego de dos años de lucha.

Este fin de semana la muerte volvió a presentarse en la puerta del recinto. Dos madrugadas teñidas de sangre enlutaron nuevamente al Rakiduam. Primero el sábado, cuando Gabriel Cornejo, de 38 años, colisionó contra un poste en La Cantera, falleciendo en el lugar, y al día siguiente, el domingo, a las cinco de la mañana, sería la menor Anaís Garrido (13) quien sellaría estas lúgubres jornadas. Ambos eran parte del octavo básico del colegio. Gabriel como apoderado y ella como alumna. 

El impacto por Anaís

De los tres casos, el que más impacto generó fue el de la pequeña Anaís. La menor de 13 años fue atropellada cuando cruzaba la caletera de la Ruta 5 Norte, a la altura del kilómetro 466, y el conductor del BMW que la impactó simplemente se dio a la fuga.  

La historia no terminó ahí. Durante la tarde, el hombre causante del accidente, casi 12 horas después de la muerte de la pequeña, llegó voluntariamente hasta las dependencias de la Tenencia de Peñuelas, manifestando ser el conductor que participó del episodio ocurrido en la mañana. Quedó detenido y en el día de ayer pasó a control de detención. 

Globos blancos y tristeza

Cuando llegamos hasta el colegio de La Cantera, la mañana de este lunes, la paz parecía reinar tanto en los alumnos como en los docentes. “El duelo se lleva por dentro, y no podemos transmitirle pesimismo a nuestros jóvenes”, dice una funcionaria, la primera en recibirnos, y quien nos hizo el nexo con la directora. 

Los globos blancos decoraban la entrada, las escaleras y las barandas del segundo piso, en señal de recuerdo, principalmente para Anaís, o “Nany”, como era conocida por sus amigos.  “No podíamos comenzar esta jornada de otra manera”, precisa la directora, Carolina Pizarro, quien relata lo duras que han sido las últimas semanas, y ese día en particular. “Estábamos de aniversario, pero lo tuvimos que suspender todo. No hay ánimo de celebración, sobre todo después de lo de Anaís, que nos dejó a todos en estado de shock”, asegura. 

Nunca se esperaron algo así. Carolina asegura que la adolescente era una joven tranquila, con una familia muy preocupada, que siempre estaba presente. De hecho, muchos de sus integrantes estudiaron en el mismo colegio, por eso los conoce.

“No sé qué pudo haber pasado, no me voy a meter, es algo que sus padres tienen que ver. Lo único que te puedo contar yo es que era una buena niña, callada, y sobre todo muy querida por sus compañeros”, relata la directora, quien precisa que cuando se abordó la situación a primera hora, más de la mitad del curso no pudo contener las lágrimas por la partida de su amiga. 

Hasta cuándo

Los alumnos esperaban en el colegio. Lo mismo hacían los vecinos en Villa Talinay y por supuesto, sus padres y su hermano menor, quienes la vieron salir de la casa el sábado por la noche para no volver nunca más.  Fue una espera sin retorno. 

“¿Hasta cuándo?” se pregunta en el mismo establecimiento, Melisa Roca, compañera de Anaís, quien no puede creer que una vez más la irresponsabilidad de un conductor se haya llevado la vida de un integrante de la comunidad escolar y de otro joven. “Hay gente que le echa la culpa a ella, por andar a esa hora en la calle, pero no tiene nada que ver, porque no fue eso lo que le provocó la muerte, lo que le provocó la muerte fue este conductor irresponsable”, dice la menor. 

Jusel Cabrera también la esperaba. El alumno de primero medio era un año mayor que  “Nany” y hace cuatro que habían forjado una linda amistad. El joven asegura que la vio por última vez el día viernes por la tarde, se saludaron “a la rápida”. Algo conversaron, pero nada especial, de hecho, Jusel no lo recuerda muy bien.

“Sí recuerdo la expresión de su cara. Ella siempre se andaba riendo, era como apañadora. Cuando uno estaba triste, le hablaba por Facebook, y ella respondía con algún meme y se te pasaba la pena. Así era”, cuenta, agregando que extrañará aquellos bailes que Anaís junto a sus amigas hacían en sus ratos libres en el casino del colegio. “Instalaban un parlante y se ponían a bailar reggaetón, a veces pop coreano, pero siempre algo alegre”, asevera el adolescente. 

"La sagrada familia"

A la Capilla Sagrada Familia de Nazareth, de la Villa Talinay, llegaron decenas de familiares y amigos de la menor. Allí la esperaban, tal como aquella noche en que no tuvo retorno. El llanto, la pena y la impotencia se podían percibir en el ambiente. “Estaba llena de vida, y mira lo que pasó”, dice una familiar, al vernos llegar.

Son pocos los que quieren hablar y se entiende, pero su abuelo se explaya. “No puedo creer que haya gente que critique a los padres y no al irresponsable que la atropelló”, expresa, molesto. 

Asegura que su nieta era una joven tranquila, “iba a fiestas, como cualquier otro joven, pero no era algo de todos los fines de semana, ni tampoco que los padres no se preocuparan. Son cosas de adolescentes. Andar de madrugada es algo que todos hemos hecho, lo inusual aquí es que pase un tipo borracho a exceso de velocidad y que te mate. Eso es lo que hay que condenar”, dice el abuelo de “Nany”, a la espera de que “se haga justicia”. 

Complejo panorama para el imputado

Anaís ya falleció y tal como el abuelo, todos en la familia están a la espera de justicia. Ayer era el primer paso, ya que en el Juzgado de Garantía de Coquimbo se llevó a cabo el control de detención del sujeto de 47 años. 

Tras las intervenciones del fiscal y el defensor, la magistrada Carla Rigotti, decretó la ampliación de la detención por 24 horas. ¿La razón? El Ministerio Público insistió en que faltaban elementos de prueba como la declaración de testigos que habían estado con el individuo momentos antes del atropello y cuyos relatos dejarían en evidencia que efectivamente estaba ingiriendo alcohol previo al suceso y, en segundo término, el examen toxicológico del Servicio Médico legal, tendiente a demostrar lo mismo, según refirió el fiscal Ricardo Salinas. 

Preguntas que siguen sin respuesta

Durante la audiencia, muchas preguntas quedaron sin respuestas, pero otras interrogantes se fueron aclarando. Minutos antes de ingresar al tribunal, nos comunicamos con el teniente Francisco Ibarra, jefe de la Tenencia de Peñuelas quien fue el que tomó el procedimiento el domingo por la mañana. 

Ibarra enfatizó en que en el desafortunado episodio convergieron varios elementos. El primero, que la joven se encontraba en el lugar equivocado, en el momento más desafortunado, debido a que el lugar, la caletera de la Ruta 5, justo en el kilómetro 466, “es un lugar sin luminarias, donde los vehículos pasan a exceso de velocidad y además no existe un paso habilitado para peatones, lo que genera una mezcla fatal de elementos”, sostuvo. 

Respecto al procedimiento mismo, relató detalles inéditos hasta ahora. De acuerdo a la información entregada por el teniente, la joven ya iba retornando a su casa junto a dos amigos que la acompañaban, todos menores de edad, un hombre y otra mujer. Fueron ellos quienes llamaron a Carabineros cuando el BMW pasó y arrolló a la menor.   

Contaron que durante las horas previas estuvieron en una “carrete”, sin especificar dónde, y que se les había “pasado la hora”. Cruzaron por la carretera de la Ruta 5, sin inconvenientes, pero cuando tomaron la caletera a pie, no percibieron que venía hacía ellos en sentido contrario, el vehículo a exceso de velocidad, según relataron. 

En la audiencia, donde estuvo presente el imputado, el fiscal entregó más antecedentes. Al parecer, los jóvenes no vieron el automóvil porque, además del exceso de velocidad, transitaba con las luces apagadas. 

Pese a que el examen de intoxilacer arrojó cero alcohol, el hecho de que el sujeto haya huido del lugar hace viable la hipótesis de que cuando se lo tomó, el aparato no detectara la presencia de alcohol, lo que sí podrían constatar testigos que lo habrían visto en las horas previas, y otros exámenes científicos toxicológicos. “No podemos descartar la presencia de alcohol, eso es algo que se va a indagar, queremos acreditar y comprobar que el sujeto estaba bebiendo momentos antes”, indicó el persecutor Salinas. 

Finalmente, el fiscal detalló los delitos que se pretenden imputar, que serían dos. En primera instancia no haber prestado auxilio a la víctima, constituye uno de los ilícitos, y en segundo lugar, lo cual sería lo más grave, es el choque en estado de ebriedad con resultado de muerte. “Esto último lo tendremos que determinar en base a pruebas testimoniales, ya que no tenemos los exámenes científicos en estos momentos, debido a las horas que pasaron desde el atropello hasta que el sujeto se entrega”, especificó. 

Urge mejorar la seguridad

Este no es el primer caso de accidentes, particularmente de atropellos en el lugar. En abril del 2016, dos personas en situación de calle fueron alcanzadas por un automóvil mientras transitaban por la caletera, a la altura del kilómetro 470. En esa oportunidad la seremi del MOP de la época, Mirtha Meléndez planteaba la necesidad de realizar mejoras en la seguridad vial del sector, pero a tres años de ese episodio, todo sigue igual.

Consultado, el actual seremi Pablo Herman asegura que no ha existido ninguna propuesta concreta, por ejemplo de instalar una pasarela peatonal en la Ruta 5, en el proyecto cuya etapa Los Vilos-La Serena, se estaría por adjudicar. Precisa que como Ministerio, deberían exigir a la concesionaria medidas concretas para mejorar la seguridad en el sector.

“Con lo que ha pasado, el proyecto debe adecuarse, para que no tengamos accidentes como este. En el kilómetro 465 se tiene contemplado un enlace que debería ayudar en este sentido. Con respecto a la pasarela peatonal, es algo que debemos plantear ahora, porque en principio no está contemplado”, indicó Herman. 

El alcalde de Coquimbo, Marcelo Pereira, también lamentó el fallecimiento de la pequeña y precisó que se debe avanzar en medidas de mitigación de manera inmediata. Sin embargo, tiene fe en que todo mejorará con la nueva concesión, “porque contempla veredas, para el tránsito peatonal, alumbrado público, y restricción de velocidad de 50 kilómetros por hora al ser una zona urbana”, manifestó. 

Así las cosas, en el corto plazo no se vislumbra una pasarela peatonal, como pide gran parte de la comunidad, por lo que deberán seguir esperando. Aunque, tal como señala el teniente Francisco Ibarra desde Carabineros, “hagamos lo que hagamos, las causas de los accidentes en la mayoría de los casos seguirán siendo responsabilidad de los conductores y de los peatones”, insiste, haciendo un potente llamado a la prevención, para que tragedias como la de Anaís no vuelvan a destruir familias, ni generen idas sin vueltas, salidas sin llegadas, o, simplemente, esperas sin retorno.

¿Toque de queda para menores?

En los últimos días ha estado en discusión establecer un toque de queda para los menores de edad. Y la discusión se ha reabierto en la zona debido al caso de Anaís Garrido. Los alcaldes de la conurbación son categóricos y dicen no a la medida.

“No es algo que esté en los planes nuestros”, manifestó el edil de La Serena, Roberto Jacob, mientras que su símil de Coquimbo, Marcelo Pereira, expresó que “de ninguna manera lo tengo contemplado ya que trae a la memoria los momentos más oscuros de nuestro país”. 

En la misma línea, el diputado Matías Walker expresa que no es viable, ya que “vulnera el derecho constitucional del libre tránsito de personas”. 

Una opinión distinta tiene el diputado Juan Manuel Fuenzalida, quien dice que “es una buena alternativa para poder regular situaciones respecto a los menores, estableciendo restricciones, pero también protegerlos”, sostuvo. 

 

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