Según la Subtel, al año 2016 el 79,3% de los hogares tenían la capacidad de conectarse a Internet. Debido a esto, las nuevas generaciones comienzan a utilizar dispositivos digitales y aplicaciones desde muy pequeños, bien sea desde un computador de escritorio en su casa, desde el teléfono de sus padres o el suyo propio, lo que es al día de hoy una parte cotidiana de sus vidas, tanto como antes era jugar fútbol en las tardes.

Según la última radiografía digital de VTR (2017), “el 52% de los niños y jóvenes tiene una cuenta en Instagram“, desde donde pueden acceder a contenidos sensibles. Esta aplicación establece en sus términos de uso que la edad mínima para hacer uso de sus servicios es 13 años; sin embargo, en muchos casos, niños y niñas menores de esa edad ya poseen una cuenta. Incluso si cumplen con ese requisito legal, a los 13 años existen contenidos inapropiados a los que potencialmente podrían tener acceso, y que deberían ser supervisados o comentados por un adulto. Esta situación ha sido considerada en Europa, donde con la entrada en vigencia del GPDR (Reglamento General Europeo de Protección de Datos Personales), la edad mínima de uso de Whatsapp y otras redes sociales aumentó a 16 años.

Basados en el “Estudio de Usos, Oportunidades y Riesgos en el Uso de TIC”, se conoce que el 80% de los niños y adolescentes con edades entre los 9 y 17 años, utiliza WhatsApp diariamente, lo cual es un riesgo de seguridad importante, puesto que a esa edad ya tienen sus propios grupos, donde conversan frecuentemente sin intervención parental y sin filtro de contenido alguno.

Adicional a este contexto, se tiene que el fenómeno del ciberbullying es una preocupación cada vez mayor, dado a que en la actualidad un 7% de los niños declara haber sido víctima de violencia o ciberbullying (Radiografía Digital de VTR 2017).

De igual manera, otro fenómeno que también está presente y que recientemente aumentó al doble según el último reporte de la PDI es el denominado grooming, que se conoce como “un hecho en el cual un adulto intenta aprovecharse de un menor” (Chilevisión Noticias, 2018) Dado todo lo anterior, quedan para la reflexión las siguientes interrogantes: ¿Existe educación sobre el uso seguro de la tecnología? ¿Somos conscientes de la información que nuestros hijos absorben y comparten desde las plataformas digitales? ¿Nuestros hijos entienden lo que es la privacidad?

Por lo general, asumimos que esta es una tarea exclusiva de los padres pero, ¿qué pasa en los colegios? ¿Qué rol tienen estas instituciones en ese proceso? ¿se imparte esta materia en la asignatura de tecnología o computación? ¿Es necesaria la evolución del contenido de dichas asignaturas para que se abarque el concepto de seguridad digital? Son muchas las interrogantes que se presentan sobre el tema.

Este hecho debe ser internalizado por los docentes, autoridades y toda la comunidad escolar, ya que consideramos que es de suma importancia lograr la comprensión del impacto que conlleva la incorporación de la tecnología en nuestros niños y adolescentes.

Como en muchas otras áreas, prevenir es mejor que reaccionar después de los hechos. En nuestras aulas, es necesaria una educación digital que enseñe a utilizar las TIC a medida que los alumnos van creciendo. Para lograr aquello, debemos realizar grupos segmentados de manera de educar gradualmente a los estudiantes, capacitando, entregando herramientas a los profesores y creando un plan de uso seguro de las TIC a nivel educativo, por lo que los colegios tienen un rol protagónico en pro de trabajar con toda la comunidad educativa para difundir un uso adecuado de las tecnologías.

Es necesario contar con una educación sobre seguridad digital en las mallas curriculares a nivel escolar, sin importar su carácter público, subvencionado o privado; es imperativo que existan minutos destinados a comprender sobre seguridad digital en las asignaturas de tecnología o computación.

En este sentido, hablamos sobre la necesidad de integrar horas de seguridad digital a la asignatura de tecnología; A nuestro criterio, nosotros como fundación educacional en Ciberseguridad, consideramos que Chile debe avanzar a una malla de tecnológica donde se aborde el concepto, los colegios deben ser parte de esta iniciativa , ya que no es suficiente con las inversiones de tecnología orientadas tan solo a la dotación de más computadoras o más pizarras inteligentes, hay que sumar minutos en el aula de seguridad digital. De lo anterior, podríamos considerar un avance cuando ya la sociedad comience a percibir esta problemática como una necesidad real.

Es indiscutible que en los próximos 10 años tendremos una nueva generación acostumbrados a vivir con Internet, pero quizá sin las herramientas necesarias para mantener un nivel mínimo de seguridad digital para sí mismos o para sus cercanos.

Nuestro mensaje es fuerte y claro: eduquemos en seguridad digital a nuestros hijos, para cuidar su seguridad como personas.

Equipo Fundacion de Ciberseguridad Whilolab.

 

 

 

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