Los chilenos de Homs

Hace unas semanas, después de visitar Homs enviada por la ONU, la baronesa británica Valerie Amos, señaló que había visto sectores “completamente destruidos... Estoy preocupada por lo que le puede haber ocurrido a sus habitantes”.

Tras quince meses, la revuelta en Siria no cesa. Naciones Unidas estima que al menos han muerto nueve mil personas. El observatorio sirio de Derechos Humanos sube la cifra de víctimas fatales a doce mil.

En Chile, hasta ahora, solamente el Gobierno ha denunciado esta situación. La opinión pública, en cambio, no parece impactada. Pero debería estarlo.

Nuestros países han sido muy cercanos. Hace un par de años, con motivo del bicentenario, circuló en Siria un ejemplar de Condorito en caracteres árabes. Pero esta relación empezó mucho antes. En 1885 llegaron a Chile los primeros “turcos”, así identificados porque traían pasaportes del Imperio Otomano.

Sirios, palestinos, libaneses viajaron porque, como cristianos, querían liberarse de la opresión del régimen del Abdul Hamid, “terrible sultán”, según recuerda un descendiente de esos inmigrantes. También buscaban mejores horizontes económicos.

Un 36 por ciento de los palestinos procedía de Beit-Yala y una cifra similar (35 por ciento), de Belén. Casi la mitad de los sirios (46 por ciento) venía de Homs. Hoy se calcula que la colonia siria en Chile la forman unas 180 mil personas. Para ellas, ésta ha sido una tierra de oportunidades. Aquí encontraron, incluso, un paisaje muy similar al de su tierra. Lo mismo ocurre en sentido inverso. El economista Reinaldo Sapag, al visitar Siria por primera vez, consignó que “no tuve la sensación de encontrarme en un país ajeno”.

Chucri, el padre de Reinaldo nació en Homs. Amelia, su esposa era hija de sirios. En 2007, cuando Sapag estuvo allí el ambiente era apacible. Fue una experiencia emocionante.

 

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