Es bueno ser coherentes, coherente con lo que dices y practicas. Más aún si estás comprometido con tu religión, y si es la Católica, con Dios.
Cuando la objeción de conciencia se hizo imprescindible, a lo que se ha llegado, dado el cariz que estaban tomando las “nuevas orientaciones sanitarias”; que muchas veces no eran para curar, sino para todo lo contrario.
Esta noble profesión, cuya misión es la de aliviar al enfermo y curar su enfermedad, ha dado un giro, para mal, y ya se buscan otros logros. Objetivos que van en contra de la Moral Natural- parece mentira-y,” naturalmente” surgen las objeciones.
Nos están haciendo objetores, nos obligan a objetar porque la conciencia del católico chirría ante estas leyes antinaturales, como es el desprecio a la vida. No es que el católico sea un” don contrarias”, es que sentimos en nuestro interior una mezcla de asombro y de indignación, al ver como un pueblo puede caminar indiferente, en su mayoría, ante el olvido de la dignidad humana y a la vez que se nos llena la boca con las medidas de protección a las amenazados de violencia de sexo. Que es bueno, pero sin olvidar lo otro
Y se vislumbran muchas objeciones, dado el avance de la ciencia y no digamos de la biomedicina y sus logros. Pero habrá que explicar, a estas alturas, que lo legal no tiene porqué ser moralmente aceptado- Sería el ideal que lo legal se ajustase totalmente a lo moral, y no fuera tan frecuente su disociación. La ley, y su razón ordenada para el bien común. Para el no nacido y para el que ya no es útil no para mi bien ni para mis “ad lateres”. Los palmeros que viven de las prebendas y en su interior sienten…un no sé qué, algo que su conciencia quiere negarse a aceptar, pero lo políticamente correcto es callar y seguir en el puesto y su remuneración. Con las prebendas, ere que ere.
Un mal mundial que tenía que dar multitud de objetores a tanta ley injusta, a tanta inmoralidad.
Y tanta crisis al amparo de comportamientos injustos. Y tanto desprecio a la vida en su inicio. Ante un zigoto, ante un embrión… este sí, este no, tampoco este, ni este, ni este otro. Tíralo, este trasmite un gen... qué se yo. Diabético o cualquier otra enfermedad, que hubiera sido compatible con la vida de un genio. Pero incompatible con mi comodidad, o con el gasto sanitario, tal vez.
Fernando Alfredo Hernández Sacristán
DNI 62.129 (Jerez)