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Poesía y terremoto

Un grupo de música andina formado por siete zampoñas, una caja, un tambor mayor y un par de platillos, fue el que produjo la magia de esa tarde del viernes 5 de marzo en plena Avenida de Aguirre, la arteria que conecta el centro antiguo de La Serena con la Avenida del Mar y su Faro Monumental.

 

Había dos motivos que, bien o mal, congregaban a públicos diversos y que terminaron uniéndose de alguna forma sin habérselo propuesto.

 

Unos 50 muchachos se habían reunido en la sede del Instituto Nacional de la Juventud (INJUV) para recolectar, seleccionar y embalar ayuda para los damnificados por el terremoto que afectó a buena parte del centro sur del país. Con el entusiasmo y alegría típicos de su edad cargaban pesadas cajas hasta un camión. La jornada fue larga, a veces gritaban para ordenar el trabajo y a veces coreaban  un ceacheí de puro júbilo.

 

El otro motivo era la presentación del libro “Mil maneras de amar” del poeta de la Antena, Marco Antonio.  En el bandejón central de la Alameda se había acondicionado un espacio, con sillas, una mesa, amplificación, los pendones de rigor y, a un costado, la mesa con el cóctel… Las paredes de esa sala especial eran la cordillera, el Pacífico, la barranca del río Elqui por el norte y el terremoto por el sur.

 

Para presentar el libro de Marco Antonio habló primero el poeta Benito Cortés Chacana y más tarde el también poeta, Arturo Volantines, en su condición de editor de “Mil manera de amar”, publicado con financiamiento del Gobierno regional de Coquimbo, a cargo de la Sociedad de Creaciones y Acciones Literarias (SALC).

 

Volantines no alcanzó a terminar sus palabras porque fue interrumpido por un corte de energía eléctrica, pero fue entonces que se presentó el grupo Comunidad Ayni de La Serena y con su música andina hizo vibrar a ambos públicos.  Los voluntarios cruzaron al bandejón y rodearon a los músicos, gritaban y saltaban al ritmo de las zampoñas y la percusión.  Los lectores de poesía extasiados miraban y se contagiaban con la alegría de los jóvenes solidarios.

 

Los vehículos no paraban de pasar por la Avenida, un carabinero con su pito ayudaba al tránsito, los curiosos se aproximaban, se sumaban al público o seguían su curso.  La poesía estuvo allí, incluso sin ser leída; nuestra música estaba allí; la solidaridad y la identidad se fundieron para el recuerdo de ese momento especial.

 

Gracias a Marco Antonio por su poesía y a los organizadores de ambos eventos que hicieron posible un acto como éste que, ojalá en los tiempos que vienen, no pasen a ser sólo recuerdos lejanos.

Comentarios

Estimado Gabriel, la Tierra se encargo por estos dias de recordarnos nuestra fragilidad y volver a las cosas esenciales. Con su relato me pude transportar a ese momento en que diferentes grupos se unieron en una sola alma, algo paso en nuestra Patria, ojala se quedara para siempre esta sensacion de que todos nuestras acciones se pueden transformar en musica y poesia. cariños

Gusto de reencontrarte en el espacio digital. Sigo opiniones y comentarios de diario El Día y te felicito por lo que estás haciendo. Estemos en contacto. SALUDOS FRATERNALES.

Hola Camila: qué bueno saber de ti. Gracias por tu comentario.

Profesor Gustavo: gracias por sus palabras. Y esperemos que Marco Antonio siga escribiendo.

Cordialmente,

Gabriel Canihuante

Bueno, hace tiempo que no leía comentarios en su blog... Los últimos días de sus clases de verano no pude asistir por un infortunado accidente que me dejó lesionada por casi un mes y sin poder escribir.

Leyendo su actual post, me vinieron a la mente los dias post-terremoto, cuando toda la gente, preocupada, llamaba a sus parientes o buscaba a los desaparecidos. Pienso que Chile, aunque no se note mucho, tiene como principal valor la Solidaridad, haciendo que aunque tengamos poco, compartimos y salimos adelante como se puede...

Hay que agradecer el gran aporte musical y literario que, de una u otra forma, nos da fuerzas para surgir.

Aún sin saber por qué, escribo estas letras con una inmensa emoción en el alma.

El "chato", Héctor Guerrero, Marco Antonio, son el mismo, lo conozco desde que fui su profesor (o su alumno en realidad), y con toda la fuerza de nuestros sikus, acompañamos ese mágico momento lleno de sensibilidad, memoria, emoción y dolor en el lanzamiento de su corazón hecho libro esta vez. Ese día nuestra ciudad fue menos colonial que de costumbre (afortunadamente).

Gracias por todo señores.

Gracias Chato.

Saludos fraternales

Los opiniones vertidas a través de comentarios son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no reflejan necesariamente el pensamiento de diario El Día.