El caso Freirina

La competencia por la adquisición de bienes es producto de un modelo socio económico que todo lo supedita al resultado de la riqueza como fin último de cada persona. Y eso no es así.

Es muy relevante lo sucedido en Freirina producto de las protestas de sus vecinos contra la planta faenadora de cerdos de la empresa nacional Agrosuper.

Es muy importante recordar que esta planta no sólo ha sufrido la oposición en Atacama, sino que primeramente fue impedida de funcionar por los vecinos y la autoridad de la Región de O’Higgins.

Agrosuper lo dijo claramente en esa oportunidad "….si en mi región no apoyan, nos iremos con la inversión de US$500.000.000.- a otra zona de Chile. Y así lo hizo. Se vino para el norte creyendo que en la región de Atacama obtendría menos cuestionamientos y oposición. ¿Y por qué la empresa pensó en aquello?

Muy simple, dado el abandono ambiental en que todos los gobiernos han dejado a la Región de Atacama.

Es gigantesco el deterioro que las diversas industrias provocan en su proceso productivo a gran parte de nuestro norte, sobre el slogan del crecimiento y el empleo sin responsabilidad ambiental y social.

Lo ocurrido esta semana en Freirina marca un nuevo hito de la respuesta ciudadana, ante la falta de coordinación, acuerdo y respeto que estas empresas tienen por la gente que sufre el impacto negativo de las faenas productivas ambientalmente conflictivas.

Es así que el lunes 10 del presente mes, la propia empresa ha decidido cerrar indefinidamente la planta, debido a la inviabilidad financiera y la imposibilidad que funcione adecuadamente por la presión ciudadana, y menos con los estándares que la empresa quiere establecer, que no son los que la gente acepta.

El alto costo de la reputación empresarial que ha sufrido Agrosuper, junto a su marca Súper Cerdo, fueron las razones fundamentales de esta determinación, y no precisamente el bienestar de los vecinos de Freirina.

La inversión de US$500.000.000.- no fue argumento suficiente para lograr el objetivo de las empresas de Gonzalo Vial Vial. Ni los puestos de trabajo, cuestión que el Gobierno criticó severamente desde La Moneda, a través del Ministro Chadwick quién reaccionó así a lo expresado por la Ministra Mathei.

Mientras algunos empresarios sigan olvidando la responsabilidad social “de verdad”, la ciudadanía seguirá profundizando su opinión, al margen de lo políticamente correcto.

Lo he dicho en muchas oportunidades, nadie en su sano juicio puede estar contra la creación de riqueza ni contra las empresas. Lo que hace la gente es estar contra la prepotencia de los empresarios que aplastan la dignidad de las personas con el argumento de los empleos. Nadie debe creer que el poder del dinero es suficiente para ahogar la necesidad fundamental de vivir la vida cada día mejor.

La calidad de vida no es el nivel de vida en términos de sus recursos materiales. La calidad de vida es el bienestar superior que una familia logra conquistar, especialmente por la forma en que valora su desarrollo humano. La belleza natural del entorno, la seguridad, los afectos, la cultura, el entretenimiento sano y sobre todo la rica formación de los hogares que logran plasmar una visión distinta a la propuesta consumista y hedonista de nuestro actual estado oficial de cosas.

Y la calidad de vida se logra con una vida económica modesta y austera. Lo demás no es más que producto de la ansiedad y el bombardeo consumista.

La competencia por la adquisición de bienes es producto de un modelo socio económico que todo lo supedita al resultado de la riqueza como fin último de cada persona. Y eso no es así. El fin último es la felicidad y esta no se logra sobre la base del consumismo exacerbado que promueve el mal llamado modelo de libre mercado.

Lo que tenemos es la inducción hipnótica al consumo en un mercado cerrado y no libre.

Las bases culturales, la formación de principios y de visiones superiores crea riquezas y lo contrario crea la miseria humana, a la cual la hemos visto campeante entre los poderosos de nuestro país..

La banalidad, la ansiedad imparable por tener cosas y poder sobre los demás con el único objetivo de poseer; ahoga el espíritu y atrofia el sentido de la vida propia y de los demás. Impide el surgimiento del ser humano feliz y facilita el fortalecimiento del homo consumus.

Bien por Freirina. Defender el derecho a vivir en armonía, respirar el aire natural, estar en paz y en un entorno bello, es una aspiración digna de gente desarrollada.
Lo hemos dicho desde hace mucho tiempo, en los momentos en que surgió con fuerza la RSE en Chile: las empresas deben invertir en el giro directo de su rubro, velando por un desarrollo empresarial coherente en calidad de vida con la gente. 

Comentarios

Señor Olave, cuando leí su artículo, compartí su visión pero no encontré una forma adecuada para complementarla.
Ahora la tengo y aún cuando no son palabras mías, las comparto, por la profundidad del análisis:
http://www.elmostrador.cl/opinion/2012/12/21/derechos-y-deberes-la-ultim...

Sr. Olave. Agradezco su visión humana en sus columnas.
En esta estoy de acuerdo con Ud. excepto en la percepción del motivo del cierre de la planta, o, tal vez, falta ahondar en la causal. Dice Ud. que el "alto costo de la reputación empresarial" es la causa, entendiéndolo como imagen pública de la marca. Pero, en lo que no se ahonda es que ese alto costo comenzó sólo a percibirse después de episodios de violencia callejera. No es lo ideal que se deba llegar a ese extremo para obtener algo justo. Sería bueno que los ciudadanos seamos más solidarios e imaginar la calidad de vida a la que fueron sometidos los vecinos de la planta faenadora para que con un boicot merecido, Agrosuper en este caso, hubiese entendido que a la ciudadanía nos interesa el respeto por las personas y rechazamos lo que Ud. bien describe en su rechazo: "estar contra la prepotencia de los empresarios que aplastan la dignidad de las personas con el argumento de los empleos."
Digo esto, porque tampoco hay que cerrar los ojos a las ideologías que ven estas situaciones como la oportunidad para predicar odio y destrucción, así como los empresarios tienen la justificación del empleo, los violentistas tienen la justificación de la causa social.

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