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Cambiar el chip

La modernización pendiente en el sistema de salud y educación, controles más rigurosos para que la libre competencia empuje el desarrollo y no sepulte a la ciudadanía; pues ha quedado demostrado que un mercado sin control se desboca en perjuicio de los consumidores y de las pequeñas y medianas empresas.

Nuestro diseño político construido sobre los consensos ha conformado un modelo de sociedad que no se hace cargo de las necesidades ciudadanas. La Concertación y la Alianza son los dos polos de poder que afianzan el modelo que ha dado facilidades a la concentración del poder económico de pocos - entre otros privilegios- y minimizado el poder de la mayoría.

Convengamos que nadie en su sano juicio está en contra del emprendimiento, la empresa privada y la construcción de riquezas. El punto es el equilibrio, la equidad y el salario justo en razón a las utilidades y al ingreso per cápita de nuestro país. Tengamos en cuenta que los últimos estudios de nuestra realidad socioeconómica están revelando que tenemos un 15% promedio de alza de la pobreza en Chile. El Banco Central ha dado a conocer estudios que confirma que las personas han perdido US$14.000.- millones y las empresas han ganado US$19.000.- en el mismo período.

Las micro, pequeñas y medianas empresas requieren con urgencia un nuevo trato, equiparado al que reciben los grandes consorcios y las empresas extranjeras establecidas en Chile. De igual forma la ciudadanía merece ser mirada con más respeto por quienes usufructúan del poder que nosotros mismos le hemos entregado.

La modernización pendiente en el sistema de salud y educación, controles más rigurosos para que la libre competencia empuje el desarrollo y no sepulte a la ciudadanía; pues ha quedado demostrado que un mercado sin control se desboca en perjuicio de los consumidores y de las pequeñas y medianas empresas. Las MIPYMES requieren con urgencia un nuevo trato. De igual forma la ciudadanía

Se debe velar por una sociedad que crezca de manera equilibrada. Sólo así se evitarán los focos de inestabilidad social que se están incubando y multiplicando.

Este orden híper liberal ha fortalecido una democracia que inhibe la participación de nuevos referentes políticos, impidiendo el recambio natural que requieren los procesos sociales. ¿De qué otra forma podremos superar nuestras contradicciones sociales si quienes las han provocado continúan en el poder? De tal forma que la ciudadanía debe detener el fortalecimiento del actual sistema que favorece a pequeños grupos sociales.

Es tal el encierro que genera el modelo de sociedad que tenemos que los nuevos referentes políticos caen seducidos por la complicidad del poder. Esto ha quedado de manifiesto, por ejemplo, en Santiago donde el Partido Progresista de Marco Enríquez, ha brindado su apoyo a Carolina Tohá, cayendo en el mismo estilo corrupto que dijeron combatirían. En términos simples, el Partido Progresista es una nueva rama de lo que son los bloques hegemónicos en nuestro país. Lo evidente es que quienes formaban parte de otros partidos políticos, hoy crean sus propios movimientos para seguir encapsulando un modelo en torno al mismo eje de poder. Es decir, más de lo mismo.

En este contexto, la Concertación se hace llamar “la oposición”, como una manera de disfrazar su verdadera responsabilidad en todas las medidas que afectan a la ciudadanía en el ámbito de la educación, salud, medioambiente y el sacro santo poder del mercado que en Chile ha superado a todos los modelos neo liberales del mundo.

La oposición de hoy es la ciudadanía. No los partidos políticos tradicionales. Ellos son parte del sistema que la gente pide cambiar.

De tal forma que a la hora de ejercer su derecho a voto no olvide que han sido los políticos de la Concertación quienes han afianzado el sistema que la ciudadanía objeta y que la Alianza profundiza.

Pero, ¿entonces qué hacer para detener un modelo que afectará en breve a moros y cristianos? Pues no caben dudas que nos encontramos al interior de una olla que cada día tiene más presión. De tal forma que es poco inteligente persistir en un diseño de sociedad desigual.

El modelo que se ha creado para nuestro país trasciende lo meramente económico y político. Necesitamos como ciudadanos una revisión y una nueva mirada hacia el futuro con acciones concretas que permitan un equilibrio.

En términos electorales es necesario que la sociedad deje una señal poderosa en las próximas elecciones en el sentido de establecer un recambio generacional y filosófico. Frenar la eternización en los cargos y el creciente nepotismo, es decir, basta a la herencia de los cupos en que los políticos dejan a sus familiares.

Los llamados a un cambio de paradigma de nuestra sociedad descansan en la posibilidad que todo el movimiento ciudadano se pueda estructurar ideológica, política, social y culturalmente en un movimiento cohesionado que tenga la capacidad de incorporar nuevos liderazgos. Nuevos espacios para eliminar la cómoda adhesión a las viejas estructuras y a sus viejos mercenarios.

El cambio de visión de la política no pasa por cuestiones generacionales. Tampoco necesitamos que los mismos se disfracen tras un discurso. Es un asunto de desprendimiento, honestidad y sacrificio.

Es evidente que dadas las actuales condiciones y voluntades, el proceso de modernización de nuestra democracia tardará en materializarse. Nuestro país está llamado a liderar nuestra región. Y para aquello debemos avanzar en perfeccionar nuestra democracia.

Si los actuales “líderes” no quieren cambiar el chip, en las manos de los ciudadanos están los cambios que beneficiarán el crecimiento económico y el desarrollo social y cultural de nuestro país.

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