Historia de una foto: La “Mujer Metralleta”

Acierto de Iván Rojas ha sido el mayor golpe
fotográfico de la historia policial chilena

 
René Martínez R.
La Serena

El mayor golpe fotográfico de la historia policial
chilena lo dio el diario La Cuarta, el 17 de mayo de 1990, cuando el
reportero gráfico Iván Rojas fotografió a la “Mujer Metralleta” y su
“equipo operativo” del Movimiento Lautaro, asaltando dos bancos en
Vicuña Mackenna con Porvenir, en Santiago.
El “Loco” Rojas no la pensó dos veces para tirarse del
auto en movimiento (se trasladaba a una pauta cuando se encontró con el
asalto) y fotografiar a los extremistas. Quedó a 4 metros de uno de los
sujetos que hacía guardia con un fusil M-16 y arriesgó su vida, ya que
el asaltante lo apuntó durante varios segundos y luego sonrío... En ese
momento, Rojas se giró varias veces sobre su cuerpo, como en las
películas de Rambo, mientras el lautarista disparaba al aire.
Enseguida, cuando la “Mujer
Metralleta” salía del banco con un botín de 4 millones, el encapuchado
disparó ráfagas al aire con su M-16, pero Iván Rojas siguió la
secuencia. Eso sí, cuando llegó al diario tuvieron que mudarlo, “dicen
las malas lenguas”.
Las fotografías captadas aquel día del doble asalto
dieron la vuelta al mundo e hicieron que la edición del 18 de mayo de
1990 se agotara en todo el país.
Aunque no lo crean, aparte del susto que pasó, recibió
retos de los clientes de los bancos y de la gente que presenció el
asalto por haber arriesgado el pellejo. Incluso una mujer se acercó y le
pegó una cachetada que hasta hoy le duele.
A 21 años de aquel acierto
fotográfico, Iván Rojas conversó con diario El Día y nos contó en
datalle todo lo que vivió ese día frío y nublado del mes de mayo.
“Entre todo lo que soy de loco, igual soy súper
tranquilo. Después de tantos años trabajando, llegó el día en que dije
¡basta! Me aburrió la fotografía, andar persiguiendo a la Luly, así que
me vine a la playa, a Quintero, donde vivo como un ermitaño, haciéndome
una casa de piedra, sólo con mi perra. Fueron muchos años, así que ya
nomás. Trabajé en el diario La Cuarta, en la revista TV-Grama, Vea y en
la revista Ercilla hasta hace muy poco”, comentó.
Cuéntenos qué pasó ese día…
“Salí del diario a hacer
una nota cualquiera a la Plaza Baquedano. Íbamos con el chofer, tres
personas más, incluyendo al ‘Perro’ Ariel Morales, editor de fotografía
del diario. Recuerdo que iba arreglando la cámara, sacando fotos y
tirando la talla, siempre lo hacía; nunca me dormía como los otros... Si
no me equivoco estaba en el lado izquierdo del conductor y a los pocos
minutos de recorrido, a la siguiente calle de donde estábamos, vemos
humo y nos metemos, desviándonos de la pauta a la que íbamos. Al entrar,
vemos a un compadre con un chaquetón largo, con la cara tapada y
disparando como loco, pero siempre al aire. En ese momento el chofer,
que era nuevo, pues estaba haciendo un reemplazo, en vez de seguir se
devuelve para irse y acelera. Fue ahí que no encontré nada mejor que
abrir la puerta y tirarme… Y para que a la cámara no le pasara nada, lo
hice con las manos en alto y caí tan mal que quedé todo pelado, con las
manos ensangrentadas, moretones en las rodillas, en las costillas, en la
pera, los codos, los nudillos. En el momento sentí mucho dolor, pero no
me preocupé de eso, hasta después… ¡Yo quería sacar las fotos! Si lo
que estaba pasando era espectacular”.
El “Loco” Iván se ríe de sus andanzas y casi sin tomar
aire, sigue su impactante relato: “Bueno, y con la suerte que tengo,
caí justo a unos tres o cuatro metros del tipo. Él no se había dado
cuenta, ya que estaba de espalda. Mientras, la gente que estaba
alrededor me miraba y gesticulaba con las manos. Fue ahí que el tipo
giró, me quedó mirando y me apuntó con una M-16. Fueron segundos que
hasta el día de hoy no olvido, ya que yo le dije: “Nooo, con…, jejeje.
¡Pensé que me mataba, poh!, pero igual le tiré como cinco o seis fotos.
En ese momento del banco salen otros encapuchados y entre ellos una
mujer con una cartera en la mano y un fusil, era la famosa ‘Mujer
Metralleta’. Cuando salieron del banco, el compadre que me estaba
apuntando comienza a disparar, entonces empecé a rodar y quedé abajo de
una micro. Pensé que los balazos eran para mí. Tengo claro que si los
asaltantes hubieran sido delincuentes comunes, el compadre me mata. Lo
habría hecho al momento de caer del auto.
“… Bueno, fue todo rápido, pero este compadre y el
resto se suben a una camioneta y yo debajo de la micro, acostado, les
tiraba fotos. La camioneta sale y yo en vez de subirme al auto del
diario para perseguirlos, lo hago corriendo, mientras les seguía tirando
fotos. Ellos, en tanto, me apuntaban, y yo me imagino que decían:
‘Cabréate poh…’. Los perseguí como dos cuadras, recuerdo, hasta que los
perdí. Después me devuelvo y entre el cansancio, la adrenalina y el
dolor que sentía en el cuerpo, me siento en una cuneta para descansar y
se me acerca una señora y me pega una cachetada que me dio vuelta la
cara. ¿Sabes qué me dijo? ‘¡Que te creí desgraciado, que nosotras las
madres criamos a nuestros hijos para que se maten por ahí haciendo
tonteras como la tuya!’. No le dije nada, porque me acordé del rollo de
fotos y que en cualquier momento llegaban los carabineros y los agentes
de la CNI (Central Nacional de Informaciones, aparato represivo de la
dictadura), así que se las pasé a mi compadre Ariel Morales, quien aún
estaba en el auto tiritando, para que las llevara al diario, antes que
me las quitaran. Se fueron y yo seguí reporteando. A los minutos llegó
la prensa y comenzaron a entrevistarme, hasta que apareció Carabineros,
así que ahí me perdí y me fui. Cuando llegué al diario recién comencé a
sentir mucho dolor, además que no me había dado cuenta que tenía toda la
ropa con sangre. No pasaron ni diez minutos cuando llega la CNI,
carabineros, los marinos, la Aviación… jejeje. ¡Si todos me andaban
buscando para que declarara como testigo, ya que pensaban que estaba
coludido con los asaltantes! ¿Sabes lo más anecdótico de todo? que
cuando llegué al diario poco menos que como héroe, y todos me
felicitaban por las fotos, el jefe de informaciones me llamó a la
oficina y me retó porque no le traje las fotos de la pauta a la que me
había mandado. Bueno, el periodismo es un apostolado...
“Después de eso estuve mucho
tiempo declarando en tribunales, con ministro en visita, pues seguían
pensando que yo tenía algo que ver con el asalto, que no era posible que
siendo testigo, no me hubieran matado en el momento.
“Nunca más tuve algún
contacto con los asaltantes, además que por intermedio de un periodista
me dijeron que no me preocupara, que me quedara tranquilo y que la plata
estaba en el pueblo. Lo que hice yo sólo lo hace un loco, pero me sentí
honrado de estar allí…”.
En cuanto a la suerte de Marcela Rodríguez, la famosa
“Mujer Metralleta”, poco tiempo después del asalto al banco, el 7 de
junio, se coló en el Servicio de Urgencia de Puente Alto vestida con
delantal blanco. Instalada en la sala de espera del Hospital Sótero del
Río, en Santiago. Su misión era rescatar a punta de balazos y sangre a
Marcos Ariel Antonioletti (21), su compañero de batalla en el Frente
Mapu-Lautaro.Era el momento de salvarle el pellejo, pero la seña
que la guerrera dio a sus compañeros produjo una lluvia de disparos al
interior del camión de Gendarmería que no hizo más que avivar el fuego.
Protagonizando un tiroteo, la mujer de la metralleta huyó dando tumbos
por las calles, herida de bala en la cuarta vértebra cervical. Más tarde
fue detenida por las fuerzas policiales y fue operada en el Instituto
de Neurocirugía. Había quedado parapléjica. Hoy, Marcela Rodríguez
cumple pena de extrañamiento en Italia hace nueve años por asociación
ilícita de armas.
 

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